Viernes, peliculita en casa: Gomorra
DĂa y hora indeterminados: leo en algĂșn periĂłdico on-line que una nueva pelĂcula italiana ha supuesto un soplo de aire fresco en el alicaĂdo cine europeo de las Ășltimas fechas, etc… me llaman la atenciĂłn las connotaciones bĂblicas de su nombre: Gomorra.
DĂa y hora indeterminados: veo en algĂșn telediario que la pelĂcula ha ganado cinco premios en un festival de cine europeo.
Una mañana, hace algunas semanas, camino del trabajo, en el andĂ©n de la estaciĂłn de Gregorio Marañón, de la lĂnea 10 del metro de Madrid: observo a un hombre leyendo un libro denominado Gomorra. Me fijo en el autor: Roberto Saviano.
Hoy, en algĂșn momento de la tarde: decidimos ir a verla.
Hoy, 21:45: entramos en la sala 2 de los cines Renoir Retiro, Madrid, a ver Gomorra. La proyecciĂłn comienza directamente, sin ningĂșn corte publicitario, ni tan siquiera un mĂsero trailer.
Hoy, 0:05: salimos del cine, y tras cruzar el primer paso de peatones, se detiene en el mismo un Mercedes antiguo bastante amplio cargado de sujetos que parecĂan sacados directamente del metraje de la pelĂcula, cuestionĂĄndome por una direcciĂłn que en primera instancia no acierto a escuchar. DeberĂas acercarte, BanyĂș. Me acerco. En los escasos cuatro metros que me separan del vehĂculo, mientras me aproximo al mismo en direcciĂłn a la ventanilla del conductor, puedo visualizar mentalmente con una nitidez escalofriante cĂłmo todos sus integrantes sacan armas, de distintas marcas y modelos, y vacĂan sus cargadores en el inerte saco-diana en el que me he convertido. En otras palabras. Tengo miedo.
Y es que Gomorra, simple y llanamente, me ha dado mucho miedo. Me ha dado miedo porque nos muestra algo que no queremos ver. Algo que ya vimos en pelĂculas como El odio, que de vez en cuando escuchamos en algĂșn boletĂn de noticias, pero que ahuyentamos rĂĄpidamente con un rĂĄpido movimiento de cabeza y algĂșn pensamiento del tipo: “pobrecitos“.
Somos conscientes de los fallos en el sistema. Son mĂșltiples y muy variados, lo sabemos por las cifras. Las cifras del hambre en el mundo, de las esperanzas de vida, de los desaparecidos, de las guerras civiles, de la esclavitud, de la explotaciĂłn infantil, de las mutilaciones, de los bombardeos… pero son sĂłlo eso, cifras. NĂșmeros en un papel, en una pantalla, en las voces de algĂșn presentador con cara de circunstancias, que por un instante sacuden nuestras conciencias. Procedemos a ahuyentarlos rĂĄpidamente con otro rĂĄpido movimiento de cabeza y otro pensamiento, este del tipo: “este mundo estĂĄ podrido“, o similares.
Cuando los errores del sistema se manifiestan en nuestros paĂses, en nuestras ciudades, en nuestros barrios (crecĂ cerca de uno muy muy problemĂĄtico y conocido a nivel nacional), la cosa ya cambia. Ya no hay cifras, hay nombres, quizĂĄs caras, voces… atrapadas por una realidad asfixiante. No hay salida. La droga, la pobreza, la delincuencia, estĂĄn a la vuelta de la esquina. Las mafias campan a sus anchas y la seguridad es una utopĂa. La ley la dicta el mĂĄs fuerte, y normalmente no va de uniforme. Los niños no tienen ningĂșn ejemplo medianamente digno, y en ocasiones el infierno empieza en sus mismas casas, cuando despiertan cada mañana.
Gomorra nos muestra de forma cruda que en la orgullosa Europa de hoy dĂa existen lugares en los que el sistema no funciona, estĂĄ podrido desde la raĂz. Son 137 minutos desagradables, muy desagradables. Pero recomendables, sin duda.
enero 2, 2009 2 comentarios