Asma, tabaco y deporte
Soy asmático. Siempre lo fui. Cuando todos mis amigos pedĂan prĂłrroga por estudios cuando les llamaba la Patria para tallarse, de cara a hacer la mili, yo ni siquiera la solicitaba. SolicitĂ© la exenciĂłn por motivos mĂ©dicos.
Con mucha seguridad en el citado argumento me presentĂ© a hacer las pruebas al hospital militar de la carretera de Cádiz, prolongaciĂłn de la avenida de la Palmera, en Sevilla. El pronĂłstico: incapacitado fĂsico para realizar el servicio militar. AlegrĂa. No querĂa hacer la mili, no sĂłlo porque no quiera tocar un arma en mi vida, sino porque lo veĂa como una pĂ©rdida de tiempo, ante su inminente suspensiĂłn (en aquellos años).
ÂżA quĂ© viene todo esto?: aquella fue la primera vez que vi claro que tenĂa que dejar el tabaco. No tenĂa 18 años, y a pesar de que practicaba fĂştbol, tenis, ciclismo y nataciĂłn indistintamente (sobre todo fĂştbol, no se me daba mal), me castigaba el cuerpo bastante. Aquellos años fueron de inmadurez y equivocaciones, pero esa es otra historia. El esfuerzo que tuvimos que hacer durante las pruebas realmente me hicieron sentir muy mal fĂsicamente.
Nunca he forzado mucho mi cuerpo, sabedor de que cuando lo pongo al lĂmite lo puedo llegar a pasar realmente mal con las crisis asmáticas. El hecho de ser fumador es una disculpa, un autoengaño, que he utilizado durante mucho tiempo para negar mi enfermedad. Una enfermedad que he procurado ocultarme a mi mismo durante muchos años.
Llevo cerca de tres meses sin fumar. Lo dejĂ© un dĂa cualquiera, sin una motivaciĂłn poderosa, clara. De hecho, estaba en horas bajas psicolĂłgicamente. Quizás eso me ayudĂł a enfocar mis pocas fuerzas en el objetivo de dejar de fumar. No lo sĂ©. El caso es que lo conseguĂ, casi sin esfuerzo (quitando los tres primeros dĂas que fueron tremendos).
Desde entonces, llevo haciendo deporte casi a diario: cada dĂa, o corro entre cuatro y cinco kilĂłmetros, o juego al fĂştbol, o al tenis, o al pádel, o nado. Y es ahora cuando me he vuelto a dar cuenta de que soy asmático.
Cuando fumaba, el tabaco me limitaba tanto que no podĂa forzar mi cuerpo hasta el lĂmite del asma. Siempre que he ido a hacerme pruebas de esfuerzo, en las que te taponan la nariz con unas pinzas y te hacen soplar en una máquina vaciándote los pulmones por la boca, me han dicho que tenĂa unos pulmones fuera de lo normal. Muy grandes. Han estado desaprovechados por el puto tabaco durante demasiado tiempo. Ahora que los estoy poniendo a prueba están rindiendo, pero se nota que están enfermos.
Tendré que vivir con ello.
Pero no os engañéis, si tenéis asma y fumáis, el tabaco empeora mucho las cosas. Si no tenéis asma, el tabaco empeora mucho las cosas igualmente, vuestra salud y la de los que hayan de venir.
No os equivoquĂ©is, ni me he vuelto extremista de la liga antitabaco de un dĂa para otro, ni voy a criticar a nadie cada vez que se encienda un cigarrillo, el Ăşnico problema es que he abierto los ojos respecto a este tema y no sĂ© cĂłmo pude ser tan idiota anteriormente. Ahora me encuentro mucho mejor: respiro profundamente, algo que antes no sabĂa lo que era; subo y bajo escaleras sin problemas; participo realmente mucho más en los partidos de fĂştbol y me siento bastante más Ăştil para mi equipo; llego a todas las bolas al tenis o al pádel, o al menos a muchas más que antes… además, por si fuera poco no sĂłlo no he engordado al dejar el tabaco sino que he adelgazado cuatro kilos.
Cuidaos, haced deporte, vida sana, alimentaos bien. Vuestro cuerpo es una máquina y os lo agradecerá. Y vosotros a Ă©l, creedme. SĂłlo teneĂs una vida, hasta que se demuestre lo contrario. Vividla a tope: eso no significa castigaros con todo lo que encontrĂ©is, que no os engañen. No os engañéis.
Siento el tono paternalista pero es el que me sale respecto a este tema. Calidad de vida.
junio 28, 2008 11 comentarios






