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Supercampeón de Europa

Señoras y señores, lo que he vivido en las últimas siete horas (son las 4:44 de la mañana hora rumana), desde que comenzó la Final de la Supercopa de Europa, no se puede explicar con palabras. Tengo que coger un tren en sesenta minutos, con mi compi jiennense (y culé) Francis. Nos vamos a Vama Veche. Llevo puesta mi camiseta del Supercampeón de Europa. Y no me la pienso quitar en todo el fin de semana. Pido disculpas a este equipazo que se hace llamar SEVILLA FÚTBOL CLUB por mis dudas previas al partido. Me descubro ante estos jugadores, este entrenador, este presidente y esta afición que han hecho posible que algo tan alejado de mi vida diaria como el fútbol profesional me de un alegrón tan tremendo. Y me gustaría darle las gracias, y un enorme beso a mi abuelo Juan, que desde el tercer (segundo en Mónaco) anillo lo habrá vivido con fervor. Y a mi padre, ¿cómo no?, por esas tardes de fútbol que pusieron la semilla… qué semilla. Qué de sufrimientos y sinsabores. Cómo ha merecido la pena esta espera.

Tengo que hacer la maleta. Me tengo que ir. Me quedaría tratando de explicar todo lo que me pasa por dentro ahora, y de narrar tantos recuerdos… no puedo, me tengo que ir… qué lástima.

A todos los que estéis en Sevilla: ¡qué envidia me dáis, disfrutad por mi y por todos los que no están allí!.

Somos grandes, decían los Biris en Eindhoven.

Y tanto…

PD: Gracias por todo.

agosto 26, 2006   No hay comentarios